
¿La motivación de los directores de área debe ir dirigida exclusivamente a profesionales de élite o cualquier empleado tiene derecho a que se le trate de manera afectiva incentivando su trabajo?
En el último año hemos visto cómo el entrenador del Fútbol Club Barcelona, Pep Guardiola, mima a cada uno de sus jugadores aportándoles esa sensación de jugador único e insustituible que deben de tener. Sin duda toda una inyección de moral para el profesional que ve como el entrenador se preocupa por su bienestar. Con esto se consigue que el jugador de un 200 por cien de su rendimiento y trabaje feliz sin pensar que se cuestiona su profesionalidad. El entrenador, por su parte, consigue que su equipo esté completamente afinado y en su conjunto todo suene con perfecta armonía.
En el caso contrario lo que se conseguiría es una desmotivación y caer en una espiral de la que se es difícil de salir. Todos sabemos que el rendimiento positivo está influido por la mente. Si el profesional está atravesando una mala racha se sentirá cuestionado. Si su director de área no habla con él, éste pensará que su jefe no se preocupa de su estabilidad emocional, y que por tanto no hace bien su trabajo y si no hace bien su trabajo no se merece estar en el puesto de mandamás y si no se merece ese puesto es porque es un completo inútil. Y ¿Qué clase de empresa tendría a un completo inútil como director?
Es cuando el mito de la empresa y de que todo va bien se cae. Al perder la confianza en la empresa en la que trabaja y si a los jefes no se les exige un nivel de calidad el profesional también perderá la calidad de excelencia.
Y es que no importa que la empresa sea grande o pequeña sino sobre la base moral sobre la que se sustente y que a sus directivos realmente les importe su trabajo y sepan desarrollarlo. Si el que debe dar ejemplo no lo hace el modelo a seguir será erróneo y afectará a toda la plantilla. Y siguiendo con los ejemplos de motivación en el terreno del fútbol para este último caso de desmotivación podíamos recurrir a la situación del Real Betis Balompié, donde su máximo accionista tiene unos comportamientos poco ortodoxos y ejemplarizantes.
Sin embargo, y muy a mi pesar, el caso del Sevilla Fútbol Club es completamente diferente. En la presidencia tienen a un líder con un objetivo muy claro. Entre el vestuario y su persona no permite que ningún mando intermedio no cumpla con su objetivo, porque José María del Nido sabe que un fallo en la cadena puede echar a perder todo el producto. Además emplea la fórmula de los lemas positivos para arengar a su tropa. Su preferido es: ¡Sí o si! Y si cualquier eslabón de la cadena falla no espera al segundo error. Por eso es recomendable mimar tanto al profesional de élite como al de segunda fila, porque todos forman parte de un todo, y además, ¡qué coño!, porque también son personas y tienen los mismos derechos. Es imprescindible acudir al origen donde se originó el problema y estudiarlo sabiendo aplicar en todo momento la psicología más útil y necesaria.
Muchas veces no se trata de la aptitud que tengas sino de cómo sea el jefe capaz de sacar el mejor rendimiento de su empleado y para ello se necesita la llamada “inteligencia emocional” que es un don del que todo el mundo no puede presumir. El director debe ser la gasolina y el profesional el motor. Cuando estamos bien con nosotros mismos somos capaces de mover el mundo y somos incapaces de ponernos límites. No vemos fin a nuestras posibilidades
Pero tampoco hay que esperar a que un trabajador tenga un bajón anímico para hablar con él y motivarlo. De hecho, el poco contacto con el profesional ya es motivo de desmotivación. Además aleja al jefe de la realidad de su empresa, por eso se recomienda a todos los directivos que dejen olvidada su atalaya y bajen a la morada del resto de los mortales que es donde se cuece el éxito.


0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada